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miércoles, 26 de abril de 2017

Probioticos, sí, pero...

Se sabe, como bien dice el divulgador científico Eduard Punset, que somos una comunidad andante de bacterias. Nuestro cuerpo está formado por la unión y especialización de bacterias, que trabajan de manera colaborativa por el bien común del grupo, asegurando así su supervivencia.
A esta comunidad de bacterias, hay que añadirle otra comunidad que convive con nosotros, le llamamos microbiota, o microbioma.
Esta microbiota está formada por microorganismos que pueden ser hongos, levaduras, bacterias o virus. Con una relación de 10 a 1 con las células de nuestro cuerpo.
El microbioma es una parte integral de la fisiología humana; Estudios recientes muestran que los cambios en la microbiota intestinal pueden modular la fisiología gastrointestinal, la función inmune, e incluso el comportamiento. 
Sabemos que a mayor variedad de esta microbiota, tanto en número de microorganismos como en especies, mejor predicción de salud tenemos.
La más famosa es la "flora intestinal" pero no es la única. Hay microbiota en todo el cuerpo, tanto en las mucosas, como en la piel,  el intestino, los pulmones, as fosas nasales,  los ojos, los oídos, en la vagina...
Cuando nacemos, pasamos de un medio protegido por la placenta, a un medio con mayor concentración de microorganismos. El primer contacto masivo con estos microorganismos, se produce en el canal del parto, y nuestra madre nos transfiere su microbioma vaginal a nuestra piel y mucosas.
En este momento, se puede producir el primer problema, partos velados, por cesárea, o demasiado rápidos, pueden ocasionar problemas en esa transferencia. También una excesiva higiene de la madre antes del parto, o bien una temprana higiene del niño tras el mismo, pueden alterar la cantidad y variedad de los organismos saprófitos del bebé, y ser parte de la causa de trastornos en el recién nacido.
Una solución es la administración de probióticos.
En el año 2002, la Organización Mundial de la Salud (OMS) definió los probióticos como «Microorganismos vivos que, cuando son suministrados en cantidades adecuadas, promueven beneficios en la salud del organismo hospedador»
De un tiempo a esta parte, se está ampliando el conocimiento acerca de los probióticos, y los efectos de su uso en diferentes tratamientos de patologías muy diversas, desde los cólicos del lactante, hasta los casos de depresión, cáncer, autismo, alergias, enfermedades autoinmunes...
La industria farmacéutica ha visto la oportunidad de aprovechar esta moda, y rara es la empresa que no comercialice sus probióticos. Hay probióticos que contiene 1, 2, hasta los más completos que pueden contener 6 ó 7 especies. Recordemos que las especies que conviven en nuestro intestino se cuentan por miles, así que la efectividad de estos productos no está muy clara.
Los probióticos se vienen utilizando de manera habitual en las diferentes culturas y civilizaciones. Ejemplo son los yogures frescos, el kéfir, chucrut, kimchi y muchos otros productos lacto-fermentados.
La principal diferencia entre los producidos de manera industrial y los caseros es la cantidad y variedad de cepas presentes en unos y otros.
Como hemos dicho, los industriales pueden tener unas pocas cepas, sin embargo el chucrut puede tener más de 13 especies y en el kéfir unas 23 ó más.
¿Qué podemos hacer para beneficiarnos de los probióticos?
Incluir los probióticos en nuestra dieta, hará que nuestro microbioma se vea reforzado. Ahora bien, es conveniente que sean incluidos poco a poco. Ya que pueden darse reacciones adversas en un primer contacto, por incluir nuevas especies bacterianas. Esto puede hacer reaccionar a nuestro sistema inmune. Así que antes de nada, pida consejo a un profesional de la salud, formado en el uso de probióticos.

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