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martes, 15 de enero de 2013

Estímulos y respuestas

                                             
Desde que nuestros padres nos imaginan, nos conciben, hasta que dejamos este mundo, nuestras células van haciendo todos los pasos necesarios para conseguir  un único objetivo, Vivir.

Poco a poco esa célula formada, se va dividiendo, agrupando, diferenciando, y especializando para formar los diferentes tejidos y sistemas que conforman nuestro cuerpo.  Esto es fundamental, de una sola célula se forma TODO nuestro cuerpo. Cada una de nuestras células es heredera de esa primera célula, y transmiten información a las siguientes.
Desde el primer momento de unión, cualquier suceso que ocurra en esa comunidad celular, puede, y de hecho influye y afecta, al ser. Y esto va a ser así, hasta el momento de nuestra despedida.

Durante nuestra existencia, nos vemos expuestos a un continuo sinfín de experiencias sensoriales, captamos estímulos, casi todos inconscientes, y generamos respuestas. A veces, estos estímulos procedentes del entorno, o del medio interno, son recibidos, procesados e interpretados de una manera tal, que hace que el equilibrio de esa comunidad celular se vea alterado.  Nuestro cuerpo tiene capacidad de asumir estas alteraciones, y se adapta a ellas. Por ejemplo, si me corto un dedo al pasar las hojas de un libro, mi cuerpo dañado pondrá en marcha una serie de recursos para reparar ese daño. No, no es la tirita la que cura, somos nosotros quienes hacemos el trabajo, a través de nuestras células sanguíneas.Con el tiempo, la capacidad de ir integrando estos sucesos, se ve alterada, y pueden aparecer los síntomas, síndromes, lesiones y  las  enfermedades, que nos llevan a plantearnos visitar a un profesional de la salud.

Las adaptaciones se instauran en nuestro cuerpo, como mecanismos de defensa, ante las situaciones cambiantes del entorno. Nosotros somos quienes dirigimos esas adaptaciones. Ante una experiencia, da igual de que signo, nuestro cerebro lo registra, y queda almacenada. Y de repente un día, paseando por la ciudad, al doblar una esquina nuestras células presentes en los receptores del olfato nos alertan de algo, y sin pensarlo lo reconocemos... Churros!!! Y en ese momento me llega el recuerdo de cuando mi abuelo José Gabriel y yo fuimos a por ellos, para toda la familia. La víspera de los Sanfermines, en Yangüas y Miranda, donde ponían las barracas. Hace 30 años (y pico) conocí la palabra empacho... los años hacen que  los detalles cambien, pero fue tan importante para mi esa complicidad con mi abuelo que aún me emociono al recordarlo... 

Eso está en nosotros, en nuestros órganos, en nuestros tejidos, en nuestras células... A veces,esos recuerdo se instauran interfiriendo en algo, provocándonos una herida, que se pudo haber cerrado en falso. Aunque es la manera de poder asegurarnos la supervivencia en el mundo, nos puede generar que esas adaptaciones al entorno ya no sean tan fáciles de llevar, con síntomas que nos incomodan, molestan, duelen...

La Terapia Cráneo Sacral y más específicamente la Liberación Somato Emocional, te puede ayudar a que tus tejidos puedan hacer un cierre de esas heridas, para ir más ligeros de carga.

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