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miércoles, 23 de enero de 2013

El movimiento

Todo está en movimiento, desde la estrella más grande, al elemento atómico más pequeño. Hasta lo más firme que pisamos, el suelo o el salón de nuestra casa . Todo se mueve, en la tierra hay placas tectónicas que al chocar unas con otras provocan fricción y terremotos, y en las casas en las que habitamos, a veces salen grietas. En algunos rascacielos podemos medir oscilaciones de sus pisos más altos, de hasta metros. Todo ello lo deben de tener en cuenta los arquitectos para la seguridad de sus edificios, si fueran rígidos, sin esa capacidad de movimiento, habría un problema, el edificio colapsaría.

El cuerpo humano no es ajeno a este movimiento. Todo en nosotros está en movimiento. Desde nuestra concepción se sucede un movimiento frenético de multiplicación celular, migración, cada célula se va situando en su lugar, para ocupar su sitio en el cuerpo y poder realizar su función. Así se van creando los órganos, desde sus unidades funcionales fundamentales.

Y esto es así durante toda nuestra vida. El cuerpo humano no se detiene en su movimiento hasta que cesa su actividad, es decir, la muerte.

Aunque no podamos apreciarlo, en nuestro cuerpo, en este mismo momento hay un sinfín de actividad, muchos órganos están trabajando, desde nuestro cerebro que está interpretando estos símbolos, hasta nuestro sistema digestivo, urinario, nuestros músculos.

Dentro de estos movimientos existen los movimientos articulares. Muy fáciles de detectar en las articulaciones de  brazos, manos, piernas, pero existen unas articulaciones un poco menos claras en su movimiento: las suturas craneales.

Durante el nacimiento son cruciales estas articulaciones, al pasar el niño por el canal del parto, el cráneo se deforma para poder facilitar el camino del niño por la pelvis de su madre, tras ese cambio de presiones en la cabeza, el niño vuelve a recuperar la forma de la misma. Aunque a veces no es del todo así y se crean puntos de presión en estas articulaciones. El cuerpo se va a ir adaptando a ellas, y podrá funcionar con más o menos normalidad. Pero a veces, esto puede generar problemas en la vida adulta.

Los huesos del cráneo no son estructuras rígidas, al contrario, se adaptan a los cambios de presión, como bien saben los que han llevado ortodoncia en su vida adulta. Gracias a este efecto de remodelado del hueso, los dientes pueden ser corregidos y alineados. Cada cierto tiempo, el dentista aprieta los brackets y ajusta su posición, es entonces cuando nos podemos dar cuenta que al apretar, nuestras tensiones craneales cambian.
A veces los traumas, accidentes, enfermedades, ortodoncias ,lesiones, operaciones etc. Alteran el equilibrio y el movimiento natural del cráneo, de las vísceras, articulaciones...

 La osteopatía  puede aliviar estas y otras tensiones en el cuerpo y devolver la movilidad a aquellas estructuras que tienen alterado su movimiento normal. En www.osteopatia-archanco.com te ayudaré a conseguirlo.

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